lunes, 19 de agosto de 2019

Brexit. Crisis de la democracia


El Brexit no planteaba ningún problema jurídico si se hubiera cumplido la voluntad popular de Gran Bretaña con la salida del Reino Unido de la UE. 
Sin embargo, no se quiere respetar el resultado del referéndum. 

En los últimos años se está extendiendo una postura antidemocrática. Solo se consideran legítimos los resultados de elecciones y consultas populares si coinciden con los esperados por los políticos y los grandes medios de comunicación.

Si no sale el resultado “correcto”, se convierte en algo polémico y controvertido. No se termina de aceptar la voluntad popular. Incluso se habla de repetir el referéndum hasta que salga el resultado buscado.

Los gobernantes cuando convocan un referéndum no quieren en realidad consultar al pueblo, sino que la sociedad ratifique lo que ya han decidido, con el único objetivo de reforzar su posición política.

Además, no se ha respetado la legalidad por parte de la UE. El tratado es claro en su artículo 50.3:

“Los Tratados dejarán de aplicarse al Estado de que se trate a partir de la fecha de entrada en vigor del acuerdo de retirada o, en su defecto, a los dos años”.

Gran Bretaña debería haber dejado de ser parte de la UE a los dos años, con o sin acuerdo.

La UE es un amplio espacio de colaboración entre países. Se ha de basar en el respeto a la democracia y al estado de derecho. Por ello, no se pueden sostener unos supuestos principios por encima de la democracia y de la ley. 

Se quiere imponer una especie de despotismo ilustrado en el que unas élites deciden lo que es mejor para los ciudadanos por encima de la voluntad de éstos. 

Si los británicos votan abandonar la UE, no se respeta lo decidido. Si el Tratado indica que a los dos años de comunicar la decisión el país deja automáticamente la UE, no se respeta el tratado.

Es la quiebra de la democracia y el estado de derecho.

Ahora se ha llegado a un callejón sin salida. Difícilmente el Parlamento británico aprobará ningún acuerdo. Siempre se opondrán los contrarios al Brexit y los que, siendo favorables, nunca les parecen suficientes la ventajas que obtenga el Reino Unido.

Los políticos han creado un problema: primero convocan un referéndum; después no aceptan el resultado; y finalmente no aplican las normas legalmente previstas.

Luego se quejan de la desafección de los ciudadanos respecto a las instituciones y la aparición de populismos.