Cuento de Navidad


Cansado de mi carrera profesional como servidor público, dejé mi plaza y pedí una excedencia.
Había decidido ejercer como Abogado.
Así me fue el primer día en mi nuevo bufete.
-Quieren pasar unos clientes... un poco extraños -me anunciaron.
-Que pasen.
-Tienen una pinta rara.
-No importa. Aquí recibimos a todo el mundo.
A pesar del aviso, su aspecto me sorprendió. Empezaron a hablar con acento extranjero. Les dije que tomaran asiento.


-Venimos a consultarle un asunto -dijo el más alto-. Viajamos mucho... pero donde más dificultades tenemos es en España.
-En la frontera.
-No, en el interior.
-No entiendo.
-Por todas las normas y reglamentos que hay que cumplir.
-¿Qué problema tienen?
-Verá, nos dedicamos a traficar...
Había esperado empezar con algo más simple. Con voz profunda comenzó a explicarse el de más edad.
-Llevamos una red internacional. Nos hacemos con el género y lo distribuimos en distintos países.
-¿A gran escala? -pregunté.
-Sí, somos mayoristas.
-Pero luego lo llevamos a cada casa... -dijo el de piel más oscura-. Usamos camellos.
Mi primera idea fue denunciarles. Pero no podía. Eran mis clientes. Me estaba pasando al otro lado de la ley. Siguieron hablando.
-En definitiva, nuestros principales destinatarios son los niños.
Por ahí no iba a pasar.
-Lo que más solemos entregar es...
-Mire, -dije con tono serio- no hace falta que me especifiquen el género. Me da igual si es marihuana o chocolate.
-Bueno, sí, repartimos mucho chocolate... y chucherías también. Pero sobre todo juguetes.
No podía dar crédito.
-Lo venimos haciendo gratis desde hace mucho tiempo -dijo el mayor.
-Sí. Nos hacen el pedido por correo y lo servimos a domicilio una vez al año -dijo el más alto.
-Pero aquí en España nos plantean mucho problemas legales -dijo el más moreno.
-Verá -me siguieron contando-. El Ministerio de Hacienda nos ha dicho que las entregas ya no pueden registrarse como una donación. Tienen que hacerse como compraventa para que paguemos el IVA.
-Pero si no les pagan no hay compraventa -aclaré yo.
-Eso es un problema. Pensábamos justificarlo como un intercambio. Venta de los regalos a cambio de los polvorones y licores que nos dejan los niños. Aunque nos han advertido que no podemos circular si bebemos alcohol. Así que no probamos nada.
-Bueno, los polvorones sí -dijo el más gordito de los tres.
Nunca había pensado en las implicaciones legales del asunto.
-También nos han advertido de la posible comisión de un delito de allanamiento de morada. Hemos tenido que exhibir las cartas que nos mandan los niños como autorización para entrar en los domicilios -dijo el mayor.
-Ahora estamos adaptándonos a las distintas normas de las comunidades autónomas.
Aquí los tres pusieron caras de desánimo.
-Los juguetes tienen distinta normativa según el lugar. Lo mismo pasa con el chocolate, los caramelos y las golosinas. Pero lo peor no es eso...
-Ahora plantean problemas con los camellos -añadió-. Nos han dicho que quieren prohibir el uso de animales como medio de transporte.
-Todo eso lo tengo que estudiar más despacio para hacerles un informe jurídico en profundidad, -dije, para salir del apuro.
-Bueno, las normas de protección de consumidores de la Unión Europea tampoco nos lo ponen fácil. Al ser la entrega de los juguetes una compraventa, debemos someternos a la normas de venta a distancia. Tenemos la obligación de garantizar el derecho de devolución. Como comprenderá, es muy difícil para nosotros.
-Lo ideal sería volver a registrar la entregas como donaciones -sugerí-. Así no tendrían que someterse a esa ley y a efectos fiscales les beneficiaría: no pagarían IVA.
-¿Y en la frontera? En la aduana nos plantean muchos problemas. Llevamos mucha carga.
-Entren por Francia o Portugal -les propuse- Al ser territorio comunitario no hay que pasar aduana.
-¡Qué buena idea! -dijo el más moreno-. Así lo haremos.
-Entonces, quedamos a la espera de su informe. Gracias por su asesoramiento -dijo el más alto.
-No hemos hablado de mis honorarios, -repliqué con cierta timidez.
-No le podemos pagar. Viajamos sin dinero. Pero el seis de enero nos acordaremos de ti, -dijo el mayor guiñándome un ojo.
Empezaban a levantarse para salir. Les notaba algo inquietos. Me querían decir algo más, pero no sabían cómo.
-¿Les puedo ayudar en alguna otra cosa?
-Bueno, -comenzaron los tres a explicarse- no es un tema jurídico. Es que en estos tiempos cambian las costumbres. La gente es más impaciente. La competencia se nos adelanta cada año. Escriben y les llevan antes los regalos a casa.
-Ya les entiendo.
-Sabe a quien nos referiremos, ¿verdad?
-Papá Noel, -dije yo.
-No, dijeron los tres: ¡Amazon!