El Brexit se consumó

El 24-6-2016, ya hace un año, trajo la decisión mayoritaria de los británicos de abandonar la Unión Europea.

La noticia, por trascendente e inesperada, causó gran impacto.

Me sorprenden varias cosas.

Del Reino Unido la decisión en sí. Pensamos que va contra sus propios intereses.

Pero más me sorprenden las reacciones desde el continente.




Se extiende un lamento generalizado por los "pobres" ingleses. Se trata de una decisión libre y democrática de una nación que ha dado sobradas pruebas de madurez, capacidad de decisión y de saber arreglar sus problemas. Es su decisión.

Se plantea la situación de los que han perdido el referéndum, como si de algún modo tuvieran razón frente a la mayoría, idea antidemocrática. Parece que para muchos el resultado solo vale si coincide con nuestros deseos.

Al hilo de lo anterior, se dice sin ningún pudor que los que han votado quedarse son jóvenes ilustrados, cultos y urbanos y los que han votado salirse son viejos, incultos y pueblerinos. Mayor elitismo imposible.

Rápidamente se extiende un sentimiento soterrado de reproche y enfado con los británicos. Esos mismos comentarios parecen darle la razón, ya que se van de un club  que tampoco los apreciaba tanto como decía.

Se ve ahora con simpatía a los independentistas escoceses, cuando hace poco tiempo nos parecían unos villanos que querían dejar la Unión.

Se reprocha que GB se vaya con todas las facilidades y ventajas que se le habían dado. Error. Lo que se demuestra es no se deben darse privilegios a nadie.

Nos preocupamos por los británicos. Que se preocupen ellos de sí mismos. Nosotros debemos ocuparnos de nuestros propios problemas, de lo que nos pueda perjudicar a nosotros. Como les vaya bien, muchos van a quedar en ridículo. Las bolsas que más han bajado son las continentales, no las del Reino Unido.

Una de las claves del éxito de la campaña de salida ha residido en un término: Brexit. En general, históricamente, el resultado de un referéndum suele ser sí, por encima del no. El término Bréxit transformó emocionalmente el sí en irse y el no en quedarse.

Los británicos tiene metido en su alma el anhelo de independencia, que ha consistido en que nunca les domine el continente. Lucharon contra España, contra contra Francia, contra Alemania, contra la Unión Soviética. Ahora no quieren participan de una unión política europea dominada por Alemania. Distinto hubiera sido si la unión fuera solo económica, el Mercado Común inicial.

Pero tal vez la principal razón es que los británicos no quieren ser cola de león. Solo el tiempo dirá si es para ser cabeza de ratón... o de león.